La primera vez que vine a Barcelona fue para cubrir, para informar, sobre la boda de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín. Sí, aquella boda. Entonces estaba en Telecinco. Aterricé en la ciudad el día anterior, me llevaron en taxi al hotel y madrugué una barbaridad para poder estar a las 6 de la mañana en la azotea desde la que contamos minuto a minuto qué iba pasando frente al Palacio de Pedralbes donde se iba a ofrecer el banquete. Terminamos tardísimo, me llevaron de nuevo en taxi a comer algo a las Ramblas y vuelta para Madrid. Desde entonces habré estado como otras 9 ó 10 veces, siempre por trabajo, con TVE y después con LaSexta. Siempre del aeropuerto al hotel, de ahí en taxi al punto de directo o al Palacio de Congresos donde se celebran los Premio Planeta y de nuevo al hotel. Y siempre me he ido con la misma sensación: tengo que volver tranquilamente a pasar unos días y a conocer de verdad la ciudad. Deseo pospuesto mil veces. Hasta ahora.

Mis hijos llevaban mucho tiempo pidiéndonos venir de vacaciones. Tenían muchísimas ganas de conocer Barcelona. Y creíamos que ésta era la ocasión perfecta. La ciudad necesita sumar turistas y aquí estamos los 4, aportando nuestro granito de arena. Nunca había venido como turista, nunca había pateado la ciudad, la había saboreado. Nunca había bajado el Paseo de Gracias parándome a ver cómo la Casa Batlló cambia las luces de su fachada. Había estado dentro, sí, haciendo los informativos en las elecciones de 2015 pero no tuve tiempo de sacar una foto. De pararme a disfrutarla. Nunca había podido bajar andando hasta Plaza Catalunya. Ni había estado en el Parque Güell. Y es maravilloso.

Nuestra banda sonora estos días es la canción que Ed Sheeran ha compuesto con ese título: Barcelona. Así entramos por la Diagonal, con la canción a todo volumen. El cantante es un enamorado de la ciudad y de nuestro país. Y no es el único. Barcelona es un referente de ciudad moderna, vanguardista, abierta.

Barcelona es un referente de ciudad moderna, vanguardista, abierta.

El mejor plan en vacaciones es patear esa ciudad que conoces tan bien pero que nunca la has vivido. Perderte en sus calles, descubrir un callejón nuevo, acompañar esos paseos con un buen libro que hable sobre la ciudad o que esté ambientada en ella. Hay tantos sobre esta bella Barcelona, tantos que he leído en tantos momentos que no he sabido cuál traerme. "La Catedral del Mar", "La Ciudad de los Prodigios, "El secreto de la modelo extraviada" y la de mi querida Cristina Ónega, "Después del amor". Releer fragmentos en tu memoria cuando descubres esa calle o ese balcón frente a la Plaza Sant Jaume donde los protagonistas se espiaban.

Los periodistas tenemos este pecado confesable: nuestros amigos nos envidian porque viajamos mucho pero en realidad vemos poco en esos viajes. No hay tiempo para hace turismo. Y con Barcelona tenía esta deuda pendiente que estos días he querido saldar. Creo que era el momento, el mejor momento para hacerlo. Y mi propósito es volver: estamos lejos sí, pero al mismo tiempo muy cerca. Dos horas y 40 minutos en tren, una hora larga en avión y unas cinco en coche. Un trayecto que si se quiere, se puede hacer.

#BarcelonaT'estimo