Escribo esta columna en el tiempo de descanso entre la primera parte y la segunda del tiempo de debate de esta campaña (es martes media tarde, todavía no se ha celebrado el debate de Atresmedia de esta noche). Según todos los expertos son las 26 horas decisivas, las que decidirán qué va a pasar este domingo. Aquí se juega de verdad la campaña, dicen.

Y seguramente esta noche veremos más ejemplos de la enorme ausencia que vimos en el primer debate. Y no, no me estoy refiriendo a Vox.

Ha costado lo suyo poder ver a los candidatos juntos, debatiendo o aparentando que están debatiendo, porque lo que hemos visto hasta ahora ha sido todo menos un intercambio de ideas o propuestas.

Los candidatos han llevado sus mensajes y discursos aprendidos, armados para que la audiencia (los votantes indecisos a los que pretenden seducir o los ya convencidos) se remuevan en sus sillas con alguna que otra pirueta lingüística, giro inesperado, zasca, ataque, portarretratos que adorna el atril y gráficos que explican con colores algo que no se corresponde demasiado con la realidad, pero ¡qué más da!

Sí, ha costado reunirlos y la primera imagen que veíamos de ellos juntos, por fin, fue en un pasillo, a punto de dirigirse al plató, escoltados por sus asesores. Cuatro candidatos con cuatro asesores a sus espaldas. Ocho hombres que iban a hablar sobre el futuro de todos ustedes. El suyo y el mío. Ocho hombres, ninguna mujer.

Las cámaras nos enseñaron cómo llegaban medio sonriendo y charlando entre ellos al plató, decenas de periodistas les esperaban y, solo ahí, pudimos ver a alguna mujer; había muchas otras detrás de las cámaras, (periodistas, realizadoras, productoras...), pero las únicas que pudo ver el espectador fueron a dos señoras con una mopa limpiando el suelo que acababan de pisar los candidatos y las maquilladoras y sastras que daban los últimos retoques a los trajes de ellos y a los brillos que con los nervios les empezaban a aflorar en el rostro.

La imagen es desoladora y demuestra que queda mucho camino por recorrer. Apenas se habló de igualdad salarial, apenas se habló de igualdad de oportunidades para mujeres y hombres, apenas se habló de cómo atajar el problema de los asesinatos machistas, apenas se habló de la precariedad laboral de las mujeres, de la presencia de la mujer en la ciencia...

Hubo muchos temas que no se mencionaron, no se habló de infancia, de cultura, de medio ambiente. Y seguramente no se habló de todo esto porque no había una mirada femenina en ese debate.