¿Nos ha gustado el Mundial? Es una respuesta, obviamente, muy subjetiva, pero mi opinión es clara: lo he disfrutado como un enano. Ha habido emoción, estrellas estrelladas, héroes inesperados, selecciones heroicas (mención especial para Croacia), fracasos sin paliativos y, lo más importante, no nos hemos aburrido.

El torneo ha representado, además, la muerte de un estilo, el del tiki-taka, el del fútbol de posesión. España, su gran abanderado, y Alemania, su sucesor, se han estrellado estrepitosamente con posesiones estériles, fútbol aburrido y pocos goles.

El equipo más divertido ha sido Bélgica, con su verticalidad y sus contragolpes. El balón parado (y no Guardiola, lo lamento por los Pepbelievers) llevó a Inglaterra a cotas no esperadas antes del torneo. Y el campeón, que nunca quiso el balón, representa el músculo elevado a la máxima expresión.