El coche, un Mercedes negro, hacía todas las mañanas el mismo recorrido y a la misma hora. El exceso de confianza, edificado sobre los restos de una sociedad temerosa, fue lo que le perdió. El comando había estudiado todos sus movimientos y elegido el lugar adecuado para hacer explotar la bomba. La reacción de las autoridades fue en un principio de estupefacción. Era el hombre considerado como el heredero in pectore del Jefe máximo para un futuro. La disciplina que imponía en sus decisiones no se explicaba solamente por su formación como marino de guerra. Partidario de la línea dura, nadie como él personificaba las esencias del régimen. Nadie más inasequible al desaliento, a la componenda o a las medias tintas. Además era el responsable de los servicios secretos, con lo que parecía increíble que la complicada preparación del atentado hubiera pasado desapercibida. Los miembros del comando y sus cómplices fueron perseguidos sin descanso hasta ser identificados, detenidos o directamente liquidados. Algunos dicen que su muerte fue el principio del fin de aquel sistema totalitario; en todo caso, cambió el curso de los acontecimientos. El comando había estudiado todos sus movimientos y elegido el lugar

Se llamaba Reinhard Heydrich y era el jefe de la Gestapo. Una bomba levantó su coche del suelo el 27 de mayo de 1942 en una calle de Praga. Van a cumplirse ahora 75 años. Los dos partisanos que le mataron fueron el checo Jan Kubis y el eslovaco Jozef Gabcik, héroes de la Resistencia en sus países.