El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de situar este mes a España como la 13ª economía del planeta. Sin embargo, nos encontramos en el puesto 25º mundial en materia de sostenibilidad, es decir, cuando incorporamos en la ecuación además de los criterios económicos, los sociales y ambientales.

La solución a este desfase es comprender que las economías más competitivas en los próximos años serán aquellas más sostenibles. Y ahí, en la sostenibilidad, está por tanto una de las mayores oportunidades de avance de la economía del país.

Que la sostenibilidad y la competitividad suponen dos caras de la misma moneda es algo ya interiorizado por las grandes empresas españolas. En el lado positivo, la mayoría ya cuenta con políticas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y publican informes anuales sobre su nivel de avance en este ámbito.

Por otro lado, en muchas ocasiones estos avances responden a exigencias legales o presión de los inversores y no tanto a una integración en la cultura o en los productos y servicios a la velocidad adecuada.

Además, muchas pymes todavía se encuentran alejadas de esta evolución del management y de nuevo con riesgo para sus procesos de internacionalización y de supervivencia en el medio plazo.

Cambio climático (con el objetivo de reducción de emisiones en España de un 26% en 2030 frente a 2005), desigualdad, transparencia o una transición tecnológica responsable que asegure los empleos del futuro son algunos de los riesgos fundamentales a hacer frente que afectan a las empresas y sobre todo a las personas. Pero el riesgo de no afrontarlo es mayor y las oportunidades empresariales de anticiparse hoy son únicas.