Señora Melania Knavs:

Me dirijo a usted por su apellido de nacimiento para aliviar de algún modo el peso que a muchos nos parece que carga. El peso del apellido Trump, que decidió meter en su vida y pasaporte. Hablando de pasaportes, menudo viaje oficial. La primera gira de la mano (o quitando de un manotazo la mano) de su marido, presidente, dueño y señor del mundo, por Arabia Saudí, Israel, el Vaticano… En cada parada y ante las cámaras, una nueva escena que nos coloca sobre la mesa una duda que no sabemos responder: ¿está usted bien? Su figura crea desconcierto general, Melania, tiene que reconocerlo. Por un lado es imposible que salga como algo natural el tenerle a usted cariño. Al fin y al cabo es la persona altiva que acompaña a un hombre arrogante cuyos valores y comportamientos son los de un niño maleducado, egoísta y conflictivo. Su baja popularidad la explicaba mintiendo su homóloga israelí a las escaleras del avión: "La gente nos ama, pero la prensa miente y dice que no". Pero por otro lado están sus gestos. Gestos en público rebelándose o sufriendo los desplantes del todopoderoso rubio, gestos que nos dicen que quizá nos equivocamos no dándole ese cariño que tal vez necesita. La modelo y el empresario de éxito que acaba siendo presidente. Y ella primera dama. Oficialmente todo color rosa Barbie. Pero al colocar sobre usted el foco, queda claro que algo falla: es Barbie, pero ¿modelo Barbie vejada, tal vez? Si el Ken misógino habla como habla de las mujeres en general, ¿cómo tratará a una a la que considera de su propiedad?

Oficialmente todo color rosa Barbie. Pero al colocar sobre usted el foco, queda claro que algo falla

Quizá esta pregunta tenga mucho sentido y también algo que ver con algunos comportamientos extraños que hemos visto durante estos días en su viaje oficial. El rechazo a su marido, que alargando el brazo sobre la alfombra roja y sin ni siquiera mirar hacia usted, reclamaba acompañante o adorno. O la falta de velo en Arabia, sabiendo que el ahora presidente había criticado a Hillary Clinton por saltarse el protocolo saudí tiempo atrás. O la visita al papa Francisco en el Vaticano, ahora sí, con velo y vestida de negro luto, para nuevo desconcierto general. Melania, es usted un enigma. Un enigma que, a poco que se observe, parece estar pasándolo mal. Da la sensación de que, si vivir en las élites de la mano de un machista como Trump era un sueño, se está despertando en el peor momento: en pleno poder.