Cada año, como me explica la gran librera Eva Cosculluela, de la zaragozana librería Portadores de sueños, se publican en España 80.000 libros, de los que el 75% son manuales, de texto, ensayos... Hoy, de este último epígrafe –quizá porque vivimos las incertidumbres propias de todo cambio de era–, abarrotan las estanterías las novedades de política, economía o sociología. Por supuesto, también las referidas a la mujer. Obras sobre feminismo, sexismo, maternidad... que intentan responder desde el estudio a un movimiento histórico que, tras el 'me too', ha cogido una dimensión que lleva directamente al paro/huelga previsto para el 8 de marzo. Y más allá.

Ahí sigue la discriminación salarial, con un 23% de brecha, y que refleja que son las mujeres las que ocupan más puestos peor pagados, por llevar a cuestas la mochila de los cuidados y tener menos dedicación. O el machismo del día a día.

Una ensayista millennial, Laura Bates, abrió en 2012 la web Everyday Sexism Project, donde, además de casos graves, en sus más de 100.000 entradas se relatan agravios de la vida cotidiana. Así, tú misma recuerdas a un jefe distribuyendo mesas nuevas y, en igualdad de cargos, reparando solo en los varones para ponerlas acorde con las categorías.

Ahora mismo, no es raro recibir un email donde primero van los hombres, porque sí. O como viví muy recientemente, en una presentación de profesionales y directivos, que los varones con posición más relevante fueran referidos con su distinción por delante y que cuando le tocó el turno a toda una directora general solo fuera identificada junto a la marca de su institución. Plasmación, una vez más, del pertinaz 'síndrome Soraya'.

También nos trae nuestra vida esa feminista clásica que es Mary Beard, premio Princesa de Asturias, y su denuncia del histórico hacer callar a las mujeres. Hoy eso se puede hacer de muchas formas. Entre las más chuscas, pero frecuentes, figuran esas reuniones en las que un hombre te cuenta lo que propusiste o le dijiste tres semanas antes. Por supuesto, a cámara lenta y adornado de obviedades, no te vayas a perder.

Entre las nuevas estudiosas, como Virginie Despentes, no faltan las que alertan del aspiracional estético que sufren muchas mujeres. Más grave aún en el caso de las adolescentes, que las lleva a estar presas de su cuerpo de por vida, en un contexto en el que la violencia machista entre menores de edad se ha triplicado en diez años.

Pero la movilización del 8 de marzo no debe leerse contra los hombres. Bastante tenemos con remar por la igualdad como para ponerse en contra de nadie, cuando además todos somos necesarios para avanzar.

Un informe del IESE y Atrevia acaba de revelar que en los consejos de las empresas del Ibex 35 solo hay un 19% de consejeras; en quince compañías no tienen y en otras cuarenta y siete solo hay una. De ahí hacia abajo, lo que quieran, en un país con un tejido empresarial formado en un 98% por pymes.

Yo invitaría a los jefes en general a observar cuántas mujeres había en las reuniones del último mes, qué papel han jugado los hombres y cuál las mujeres. Y hacia adelante, si no había equidad, qué pueden hacer para lograrla. Con una consideración: cuando se tiene el poder de nombrar, es un hecho que a la valía se suma inconscientemente una asignatura que las mujeres conjugamos mal, la camaradería, ingrediente para el que nosotras no tenemos tiempo.

Contra esa discriminación cultural se están dando de bruces las hijas de las pioneras de la igualdad legal, que no entienden la distancia entre la teoría de su educación y la realidad que viven. Hay que escucharlas para saber que no se van a resignar, por el bien de todos. Ahí está el dramático efecto de la renuncia de tantas mujeres a la maternidad.

Sin duda, el 'me too' ha abierto una insospechada puerta al futuro. Ahora todos podemos hacernos un favor: por un mundo más justo, que la camaradería sea de 360 grados.