El Tribunal de Justicia de la UE considera que no es discriminatorio que una empresa prohíba a sus empleadas lucir el velo islámico... o cualquier otro símbolo ostensible. Establece que una norma interna sí podría resultar discriminatoria, si ocasiona una notable desventaja a aquellas personas que profesan diversidad de convicciones.

No existe unidad de criterio sobre esta compleja cuestión entre los diferentes actores sociales, políticos, religiosos... Tampoco en la judicatura... incluso dentro del feminismo activista.

En el campo laboral no es lo mismo un trabajo manual que ejercer de policía, profesora o médica, y no en todos los casos será conveniente llevar cualquier tipo de prenda, incluso teniendo en cuenta cuestiones de seguridad y salud en el trabajo, pero nunca por cuestiones de imagen, como es este caso.

Uno de los objetivos de todo Estado de derecho es el pleno desarrollo de la libertad de conciencia, en este caso de las mujeres trabajadoras. Pero también la igualdad de derechos y deberes de toda la ciudadanía, con independencia de las creencias y convicciones personales y, por lo tanto, la ausencia de todo privilegio por ese motivo.

Ambos derechos a veces son difíciles de compatibilizar, y más cuando la religión o caprichos empresariales están por medio.

Mientras, los fundamentalistas de uno y otro bando generan discursos en donde priman las emociones, la intolerancia y la ausencia de sentido común.