No recuerdo haber pedido permiso para dar un beso, ni tampoco que me lo pidieran cuando no fui yo quien tomó la iniciativa. El juego de seducción parece contradecir esa formalidad que hasta el cine contempla como un rareza.

Pero hay situaciones mucho más graves. Los cambios legales que pretenden vincular los delitos sexuales a la falta de consentimiento expreso habrán de introducir matices que definan bien el delito en las maniobras amatorias. No siempre será facil determinar qué besos son ilegales.