Poco se iba a imaginar el president cuando auguró movilizaciones en Cataluña que las calles se llenarían de médicos, profesores, estudiantes, bomberos, mossos y funcionarios reclamándole algo muy sencillo: que gobierne.

La paciencia tiene un límite, y tras ocho años de recortes la precariedad no se puede tapar con banderas. Con ninguna.