Muchas mujeres secundarán la huelga convocada para este 8 de marzo, en cualquiera de sus versiones, de 2 o de 24 horas. Otras no lo harán. Pero seguramente todas —y todos— coincidan en defender el espíritu que impulsa esta jornada: el de estrechar, cada vez más, las brechas de todo tipo, salariales pero también culturales, que impiden la igualdad real.

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