Ha sido un mal dato. Un pésimo registro habida cuenta incluso de que agosto es siempre el peor mes del año para el empleo, por la caducidad de los contratos estacionales.

Es la consecuencia directa de la desaceleración del crecimiento económico en la zona euro y de una menor alegría en política financiera de la UE. Factores exógenos que el Gobierno ha de compensar despejando incertidumbres y aplicando estímulos a la economía. Sin esperar a que se le vean las orejas al paro.

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