El adiós a 40 años de política activa merecía algunas lágrimas y, aunque contenidas, las hubo. Mariano Rajoy anunció emocionado su dimisión, dejando claro que ni habrá dedazo en la renovación ni será desleal como Aznar.

Su elegante salida abre al PP en canal y pone a prueba su democracia interna, acostumbrada al ordeno y mando de una estructura cesarista. Rajoy solo se reserva la tutela de la unidad del partido hasta el congreso de julio, para no volver a llorar.

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