A los turistas no les gustan las tensiones. Cuando un visitante planifica sus vacaciones, tiende a buscar destinos sin problemas. Esto lo aprendieron Egipto y Túnez de forma abrupta tras la primavera árabe. En 2011, el turismo se desplomó en sus costas y puso rumbo a España. Ahora la calma ha vuelto a sus playas, mientras algunas de las nuestras se llenaban de lazos y cruces, y España ha perdido esa ventaja. Todo tiene un coste.