A la vuelta de su penúltimo viaje, el presidente Sánchez se encontró con un partido nuevo en el tablero político y con un gobierno autonómico socialista en el alero. La agenda internacional es importante, máxime si hablamos del Magreb y de política de inmigración. Pero el presidente sabe ya que la partida se juega en casa y a ras del suelo, no en las alturas del Falcon, que pueden dar mal de altura. El viaje decisivo es el que lleva a las elecciones. Y obliga a bajar a la realidad. 

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