De lo cómico a lo dramático hay una línea finísima que tarda muy poco en cruzarse. Los memes de la escapada de Puigdemont a Bruselas quedaron ayer congelados ante la imagen impactante de los miembros del destituido Govern catalán camino de la cárcel. Los jueces han demostrado muchas veces que no se detienen a la hora de dictar prisión para todo tipo de cargos públicos: desde generales de la Guardia Civil a presidentes de entidades financieras o dirigentes empresariales, pasando por exministros, presidentes de comunidad autónoma o responsables de la Seguridad del Estado. Cicerón escribió que somos esclavos de la ley para no ser siervos de la arbitrariedad del poder. El choque entre la legalidad y la conveniencia política se ha resuelto según el criterio de una jueza acostumbrada a enfrentar los casos difíciles en la soledad de su despacho. Junqueras habló ayer de la lucha entre el bien -los independentistas- frente al mal -los demás-. Pero esto no es El Señor de los anillos en Twitter, sino un nuevo acto desde la pretendida épica hacia al drama que empezó a escribirse en el Parlamento de Cataluña los pasados días 6 y 7 de septiembre. Y también de una precampaña electoral tan convulsa como decisiva.

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