"No da para boda, pero sí para amigos". Así resume el líder socialista portugués el pacto del país vecino: el bloque de izquierdas apoya al gobierno sin tener ministros.

Es la fórmula que querría el PSOE para España, pero el arranque de la sesión de investidura dejó claro que no es posible. Un tono casi fúnebre flotó en el hemiciclo.

El candidato socialista a la presidencia de España obtuvo un 'no' rotundo a las peticiones de abstención que lanzó a PP y Cs. Casado y Rivera aparcaron su lucha por el liderazgo de la derecha y pasaron factura a Sánchez. El líder del PP, por el "no es no" a Rajoy. Rivera, porque insistió en acusarle de pactar en secreto con Unidas Podemos y los independentistas.

El aspirante a presidente llegó al debate con el pie cambiado por el órdago de Pablo Iglesias: allanar el pacto renunciando a entrar en un hipotético gobierno conjunto. El dirigente de Podemos ya no va a ceder más: o gobierno de coalición o elecciones.

La incomodidad de Sánchez fue manifiesta, y las caras largas de su gobierno, también. El choque entre Sánchez e Iglesias fue más que teatro, por momentos parecían ni dar para ser amigos. El PSOE ha de elegir entre una coalición que no le gusta y nuevas elecciones. Ambas opciones tienen riesgos. Por eso ambas opciones están abiertas, y habrá suspense hasta el final.

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