Si el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aprueba la subida de impuestos que le ha pedido Podemos, la Comunidad de Madrid –siempre que Díaz Ayuso y Aguado cumplan lo que han dicho en campaña– contestará bajándolos en el tramo autonómico a los madrileños. Si Sánchez –en la negociación para sacar adelante el próximo presupuesto del Estado– cede a ERC mejoras para Barcelona o al PNV para Bilbao, el próximo alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, hará seguro una guerra de eso. Y no se callará.

De todos los resultados electorales de ayer, lo que peor va al actual presidente del Gobierno es que el PP haya resurgido precisamente en Madrid. La victoria del bloque de los partidos de centro derecha en el Ayuntamiento de la capital y en la Comunidad (por cierto, tal y como estimó la encuesta de Metroscopia para 20minutos) devuelve a Madrid un papel estratégico en la política nacional, tras una legislatura en la que –con tres presidentes autonómicos diferentes y una alcaldía en la que conforme pasaban los años el equipo de gobierno iba perdiendo concejales– ha ido desdibujándose en el escenario nacional.

Ahora, PP y Ciudadanos tienen la ocasión de hacer de la Comunidad y del Ayuntamiento un escaparate que mostrar al resto de España frente a las políticas que apliquen PSOE y Podemos desde el Gobierno central. Para que este contrapeso pueda funcionar, queda aún algo pendiente: el acuerdo real entre las fuerzas de centro-derecha. Es evidente que Ciudadanos no dará gratis al PP la Alcaldía y la presidencia autonómica. Y además está Vox, que aunque quizá no pida entrar en los gobiernos, también pondrá condiciones. Pelean por votantes parecidos y el entendimiento no será fácil.

En el camino queda el experimento de cambio que planteó Manuela Carmena en Madrid. Ha durado cuatro años. Para unos (sobre todo quienes vivan en el centro) ha sido un caso de éxito. Para otros, un experimento fallido. En cualquier caso, es una etapa que se cierra con una alcaldesa que hasta montó un partido en los últimos meses para desprenderse de socios incómodos. Los experimentos son valientes, pero tienen sus riesgos.

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