Afrontamos el comienzo de una legislatura crucial para la UE. En estos próximos cinco años nos jugamos el presente y el futuro de nuestro proyecto común, y lo hacemos en un contexto novedoso: nunca antes habíamos afrontado la salida de un país de la UE. Nunca habíamos tenido un Parlamento Europeo tan fragmentado ni con tanto peso de fuerzas antieuropeístas.

La buena noticia es que, hasta ahora, el brexit ha servido para que los otros 27 países fortalezcan sus vínculos y aprendan que solo trabajando juntos lograremos una Europa más prospera, segura y libre. La otra buena noticia es que las fuerzas antieuropeístas no consiguen de momento que su discurso rupturista se traduzca en resultados tangibles. Así, las fuerzas europeístas del Parlamento Europeo hemos impulsado como presidenta de la Comisión a una mujer –por primera vez en la historia, y por cierto miembro del PP Europeo–, Ursula Von Der Leyen, que se caracteriza por su europeísmo y su compromiso con los valores de la UE: defensa del Estado de derecho, la libertad y la solidaridad.

Este es el camino y por él debemos continuar para afrontar los desafíos que nos aguardan: neutralizar la amenaza del nacionalismo excluyente que quiere minar la UE y desmontar su falso relato, empezando por Cataluña; mantener el respeto al Estado de derecho; reforzar la lucha contra el cambio climático; avanzar hacia una verdadera política común migratoria, e impulsar un crecimiento económico que no deje a nadie atrás.

Es una obligación para los europeístas defender la UE frente a nacionalismos y populismos. Debemos trabajar por esta gran UE de paz y libertad. Este es el camino que vamos a transitar los próximos cinco años. Un camino que hará que la voz de Europa siga siendo respetada e influyente en el mundo.