África subsahariana pasa para unos de ser el continente olvidado, una apreciación nada discutible en Occidente, a ser el continente del futuro, algo sobre lo que hay abundantes datos que lo anticipan. Actualmente son muchos los problemas que enfrenta, desde la obstinación de bastantes de sus dirigentes en ceder el poder a los líderes de las nuevas generaciones hasta el éxodo de personas valiosas que optan por asumir riesgos e incertidumbres y emigrar, pasando por el expolio de sus riquezas naturales al que las antiguas potencias coloniales y alguna nueva –como China– la someten.

Pero no todo es negativo: hay muchos destellos de que algunas cosas están cambiando. Las administraciones públicas van superando la falta de experiencia de sus responsables y las ideas y proyectos emergen por todas partes. Subsisten algunos conflictos regionales e internos, aunque cada vez menos graves, y varios de ellos, como los de la República Centroafricana o Sudán del Sur, en vías de solución gracias en buena medida a la intervención de las organizaciones supranacionales africanas que están saliendo de su ostracismo contemplativo.

Con todo, quizás lo más prometedor sean las inquietudes convertidas ya en proyectos, como el de la creación de un mercado común africano e incluso la implantación de una moneda única, el ECO, en la que trabajan dieciséis Gobiernos. No se trata de proyectos fáciles. El propio modelo que manejan, la Unión Europea y el euro, enfrenta dificultades, pero la experiencia demuestra que es cuestión de tiempo, constancia y cabezas formadas y emprendedoras, algo que en aquellos países empieza a florecer. "África –escribía un analista francés– reacciona". Internet es un excelente despertador para todos.