La memoria no suele ser respetuosa con el pasado. La evocación de un recuerdo suele llevar asociada su modificación cuando no una completa reescritura. Podríamos aceptar este hecho con resignación, al fin y al cabo son cosas de la neurología. Pero memoria y olvido también pueden ser materiales políticos de primer orden.

El 1 de julio, la línea C3 de Cercanías quedaba cortada entre San Cristóbal y Getafe Industrial. El 27 de junio una avería de la máquina en la estación de Las Retamas producía graves retrasos en la C5. El 22 de junio una avería en el Centro de Control de Tráfico paralizaba toda la red de Cercanías de Madrid.

Podríamos considerar necesario iniciar una campaña para denunciar el caótico funcionamiento de la red de Cercanías de Madrid. Ha caído en picado, argumentaríamos y podríamos añadir que los ciudadanos no pueden llegar tarde a sus trabajos o a sus clases.

Eso es exactamente lo que hizo hace 17 meses (5 de febrero de 2018) el Partido Socialista de Madrid que llegó a publicar un panfleto que llamaron "Tiempo de Espera" en el que enumeraban todas las averías y exigían que el Ministerio de Fomento pusiese manos a la obra porque en su opinión "estos no son problemas de mucha inversión, sino un tema de voluntad política."

Aquel clamor socialista, acompañado de múltiples concentraciones e incluso de una original paella-protesta, es hoy estruendoso silencio, como si el Ministerio de Fomento hubiese dejado de ser responsable de esta esencial infraestructura simplemente porque el titular es otro.

Este Gobierno de la Comunidad de Madrid afrontó el problema directamente. Pedimos datos oficiales de incidencias y personalmente, en el Ministerio de Fomento, conseguí, el 12 de diciembre de 2017, el compromiso, con fecha, de un Plan Integral de Mejora de los Servicios de Cercanías de Madrid 2018-2025.

Nunca he considerado la relación entre Cercanías y los transportes públicos regulados por el Consorcio Regional como una simple compensación tarifaría sino como cooperación y colaboración en busca de un beneficio social general.

Íñigo de la Serna cumplió y su ambicioso plan, presupuestado en 5.000 millones de euros, programado del 2018 al 2025, desglosado en 9 ejes de actuación, sigue siendo el trabajo más serio que he visto para afrontar la necesaria modernización de la red de Cercanías de Madrid. Recordemos que de los más de 1.500 millones de viajes que se realizan al año en nuestra región en transporte público, 200 millones, el 13%, se realizan en tren.

La moción de censura que provocó el cambio de gobierno en España también otorgó cartera a un experto en manipulación y propaganda, José Luis Ábalos, Ministro de Fomento pero sobre todo Secretario de Organización del PSOE, el brazo ejecutor de Pedro Sánchez.

Puedo entender que no abordase de inmediato ese proyecto dada su magnitud y su dimensión presupuestaria, pero es que aquí, después de trece meses y un cambio de gobierno... todo sigue igual.

Podría recordar las ocasiones en las que Ábalos ha hablado de incrementar el plan de Cercanías de 5.000 a 6.000 millones o sus pomposas declaraciones de septiembre de 2018 cuando aseguro:

"Vamos a pasar de los planes a los hechos. Las Cercanías de Madrid recibirán una inversión de más de mil millones tan sólo en los dos próximos años, lo que supondrá el mayor ritmo de inversión en la Red de Cercanías de Madrid de la última década."

Nada de esto ha sucedido. Se equivocaba José Manuel Franco, cuando decía que no era cuestión de dinero sino de voluntad política. Ambas estaban sobre la mesa en abril de 2018. Ambas han desaparecido y, como a Godot en la obra de Beckett, las seguimos esperando. Ábalos ha pasado de los planes a los dichos y de lo dicho al olvido, todo un modelo de desmemoria histórica.