DAVID MORENO. PERIODISTA

Pongamos que hablo de Sabina

Joaquín Sabina, en un concierto en el WiZink Center de Madrid.
Joaquín Sabina, en un concierto en el WiZink Center de Madrid.
EFE

Durante esta semana he leído con tristeza cómo la voz de Joaquín Sabina se apagaba o, al menos, enmudecía momentáneamente. El pasado sábado, en el concierto que ofreció en el Palacio de Deportes de Madrid, tuvo que abandonar el escenario tres canciones antes de lo previsto, mientras aún sonaban los acordes de Sin Embargo. El del bombín ya había advertido a los más de 17.000 espectadores que esa noche estaban disfrutando de su música: no se encontraba en su mejor momento. Embarcarse en una una "gira interminable" de 80 conciertos y recorrerte los pasillos de "sórdidos hospitales", tal y como dijo durante el concierto, no debe ser nada fácil. Y menos si estás tocado de salud.

Comencé a escuchar a Sabina siendo un niño. Recuerdo estar en casa de mis abuelos y preguntarle a mi tía por él. Con 19 días y 500 noches llegó el segundo impacto de su música en mi vida. No era mi estilo, pero me gustaba. Es uno de los grandes de este país. Un compositor que se desangra con cada una de sus letras. Un semidiós capaz de mostrar su flaqueza sobre el escenario... Lo que pasa, es que a eso estamos menos acostumbrados.

Hasta a los más grandes les afectan los cambios meteorológicos. A Joaquín también. Tiene sus achaques y casi 70 años, pero nada puede, ni podrá, retirarle del escenario. Es de agradecer, su público lo hizo aquella noche. Es como Tony Bennett o Tom Jones: gente de otra pasta. Artistas que disfrutan haciendo lo que más aman. Sabina es un músico entregado a su arte, a su público y, cómo no, a su Madrid. Así lo demostró el pasado sábado. Luchó por aguantar hasta el final, e hizo cómplice al respetable de su batalla. Puso las cartas sobre la mesa y, pese a que pueda parecer que perdió, estoy convencido de que ganará. Volverá con un órdago. Gracias Sabina por tu honestidad, por tu verdad más allá de tus letras. Gracias por no tener pudor en mostrarnos que los dioses, a veces, también sufren.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento