El uso de las redes sociales por parte de artistas y celebridades es el pan nuestro de cada día. Las usan para compartir sus vidas, viajes, inquietudes... y sobre todo para promocionarse. Muchos son los que hacen gala de eso de "que hablen bien o mal, pero que hablen" y la verdad es que en algunas ocasiones el juego, y el doble filo de la promoción, puede llegar a ser peligroso.

Pastora Soler acaba de vivirlo en sus propias carnes. Como he contado en mi blog (20m.es/DandoLaNota), la cantante andaluza ha viajado recientemente a Cuba para dar por primera vez un concierto en la isla caribeña que, ya puestos, ha sido un éxito. Tenía otro concierto programado en Miami pero se lo han cancelado por culpa de una errónea foto en Facebook. La imagen en cuestión no fue publicada por ella, pero le ha repercutido.

En ella, Pastora aparecía comiendo langosta junto a Sofía Castro –sobrina de Fidel– en un lujoso ático del Malecón de La Habana. La foto, compartida inocentemente por uno de los que estaban en esa reunión, no ha sentado nada bien al sector cubano que vive en Miami y el revuelo ha sido tal que, por miedo a represalias, los organizadores del concierto han decidido cancelarlo.

Este caso no es único: hace poco, cuando las Spice Girls se reencontraron subieron una foto a las redes. En ella, algunos intuían lo que podría ser una raya de cocaína. Volviendo a España, David Castillo, el mítico Jonathan de la serie Aída, también tuvo un percance con las redes: enseñó más de la cuenta por culpa de un reflejo. Y así muchos y muchos más casos.

¿Estamos perdiendo el norte a la hora de compartir nuestras vidas en las redes sociales? ¿Deberíamos apostar por la naturalidad o analizar al detalle cada tuit y cada story de Instagram? Como todo, con cuidado, respeto y precaución.