Mucho se habla de la importancia de las letras en la música, de los referentes de los jóvenes, de los mensajes que entrañan todas esas canciones que cantamos casi de manera automática y, en muchas ocasiones, sin darnos cuenta de lo que quieren decir. A veces, estas canciones encierran mensajes ocultos entre dobles sentidos casi indescifrables, pero otras, la mayoría, son bastante explícitas y directas.

Recuerdo una de mis primeras ruedas de prensa. Estaba estudiando Periodismo y en Logroño había un concierto de Melendi, que en ese momento era el cantante de moda entre los jóvenes. Me acreditaron y le pregunté: "Sabiendo que hay muchos jóvenes que cantan tus letras, ¿no te sientes responsable al hacer apología de las drogas?". Evidentemente se sorprendió, pero respondió y lo hizo bien. En la actualidad Melendi, y aunque sus seguidores se lo pidan, ya no canta esas canciones ni en sus conciertos. No se siente cómodo con sus mensajes. Normal.

¿Ocurrirá lo mismo cuando pasen los años con los cantantes de ahora? Artistas como Ska-P llevan años pidiendo la legalización, Delinqüentes hacen alarde de fumar flores y Estopa les cantan a los "ojitos rojos". Son algunos de los más coreados en las fiestas populares y yo me pregunto si está bien que nuestros adolescentes escuchen este tipo de música. ¿Es correcto que los artistas, amparados en la libertad de expresión, puedan cantar sobre lo que les dé la gana? Me pasa como con Maluma y el machismo... ¿Dónde queda la responsabilidad social? ¿Calará hondo su mensaje? ¿Están normalizando el consumo de las drogas? Me temo que sí.

Deberíamos detenernos un poco y analizar estas canciones que nos hacen buscar el sol como El Pescao, dar pasitos palante al ritmo de la María de Ricky Martin para, sin darnos cuenta, terminar llorando en las fiestas de La Oreja de Van Gogh.