Yo era de los que suscribía aquello de que nunca las segundas partes fueron buenas, hasta que vi la tercera película de Toy Story y me dije... "bueno, quizás es cierto lo de que a la tercera va la vencida".

En el caso de Operación Triunfo, creo que esto ni puede ni va a ser así. Estos días estoy leyendo en la prensa, en las revistas del colorín y sobre todo en las redes sociales muchas críticas hacia la gira de OT 2018.

La venta de entradas no está funcionando tan bien como en la época de Amaia, Agoney o Aitana. ¿Dónde están esos seguidores que les hicieron trending topic a diario?

La burbuja, como algún día espero que ocurra con la de los alquileres en Madrid, se está desinflando, y aunque algunos de la promotora responsabilizan a Miki por su injusto resultado en Eurovisión, yo creo que la cosa va más allá.

El casting, pese a ser impecable, no logró el impacto de la anterior edición, seguimos teniendo muy presente a Amaia, y eso que ni siquiera ha sacado su disco. En las carpetas no hay sitio para todos, y luego están ellos... sus falsas expectativas y su poco compromiso. Recuerdo cómo, en sus días dentro de la Academia, la estupenda Noemí Galera les abroncaba por no tomarse las cosas con la disciplina necesaria. Nada más que añadir, señoría.

Les acusan poco más que de pasearse por el escenario, y puede que tengan razón, pero también estoy convencido de que el toque de atención de sus fans hará que esta noche lo borden y demuestren en su concierto en Barcelona –que se podrá ver en directo en YouTube–, que tienen talento y que sus carreras solo acaban de comenzar. Yo estoy en Mánchester, viendo a las Spice Girls. Mañana os lo cuento en el blog.