Vale, ok. Te puede gustar mucho un artista, pero... ¿es necesario llevarlo al extremo? Desde pequeño he seguido mucho la música de Ricky Martin, Operación Triunfo (especialmente Chenoa), Gloria Estefan, Take That y, cómo no, la de las Spice Girls. Solo he coleccionado cosas de ellas: singles, revistas y hasta barbies, pero jamás me he peleado públicamente con nadie por defenderlas ni he insultado, machacado u odiado a los grupos rivales. La música no se trata de eso.

Desde mi época fan ha llovido mucho y algo está cambiando para mal: los fans son talifans. Defensores acérrimos de sus ídolos sin importarles el conflicto ni las malas formas. ¿Habéis visto las imágenes de cómo algunos zarandearon a Miley Cyrus en Barcelona? No respetan a los artistas y esto no es nuevo: John Lennon murió asesinado en 1980.

Desde que OT volvió a convertirse en un fenómeno en 2017, las redes sociales están inundadas de comentarios feos, ataques gratuitos y faltas de respeto apoyadas por el anonimato de un nick. No culpo a Operación Triunfo de esto. Tampoco a Ariana Grande o a Justin Bieber, pero sí que nos responsabilizo a todos los que usamos las redes de no frenarles.

La música es amor, felicidad, pasión y también respeto. Un fandom es la unión de un grupo de amigos en torno a una canción, a un artista, a unos ideales. Y por eso –por todo lo que yo he vivido y vivo, por todos los amigos que he hecho y las experiencias que he tenido gracias a mi pasión por la música– me da pena que otros lo conviertan en odio. Más amor, más humor y más música para todos.