¿Cuántas veces habéis escuchado eso de que en Eurovisión todo es política? Pues yo, que soy de los que siempre desmiente esto, hoy estoy un poco más de acuerdo. Este año, las palabras Eurovisión, política y polémica parecen estar más unidas que nunca.

Bienvenidos a 'Eupolemisión'. El próximo mes de mayo, Tel Aviv acogerá el festival de la canción europea y en ese punto surgió la primera de las polémicas con el acontecimiento. Cuando, en 2018, la israelí Netta ganó, llegó la primera incertidumbre: ¿en qué ciudad se celebrará Eurovisión? Tras largas negociaciones –que casi obligan a cambiar de país– el Gobierno de Israel cedió frente a las peticiones de la organización y se decantó por Tel Aviv en lugar de Jerusalén.

A día de hoy, aunque algunos artistas no se se sienten cómodos con las políticas israelíes y el conflicto con Palestina, la cosa está más calmada. O estaba, porque esta semana una nueva polémica política ha salpicado Eurovisión: Ucrania se retira. Pese a haber sido elegida por el público del país como su representante, la cantante Maruv no ha llegado a un acuerdo con la televisión nacional.

Según la artista, que recientemente ha participado en un concurso en Rusia, las "inhumanas" condiciones del contrato que le propusieron, entre las que estaba no actuar en el país vecino durante los próximos seis meses, han conllevado su negación a firmarlo. Por si esto fuese poco, los segundos, terceros y cuartos clasificados han secundado la decisión de su compañera y también se han negado a ir.

Ucrania, fuera de juego, ha decidido retirarse. ¿Es política Eurovisión? En este sentido sí, y también en la cantidad de beneficios para el país que gana el festival, entre ellos el turismo. Pero a la hora de votar, pienso que ni está amañado, ni ganan canciones malas.