Casi todos, de pequeños, entre juegos y fantasías soñamos alguna vez con ser personajes famosos. Figuras públicas reconocidas por sus trabajos: cantantes, actores, modelos... Parece bonito pero, en muchas ocasiones la realidad es otra.

Esta semana he pensado bastante en Demi Lovato. La que fuese una de las grandes artistas de la factoría Disney no está pasando por un buen momento. Hace unos días fue ingresada en un hospital a causa de lo que podría ser una sobredosis de heroína. Demi, que lleva desde los 17 años luchando con problemas como la bulimia, la depresión o las adicciones a la cocaína y a algunos fármacos, no consumía drogas desde hacía 6 años, pero ha recaído.

Me pregunto cuál puede ser el denominador común entre tantas y tantas celebridades que sufren estos problemas y que en casos como los de Amy Winehouse, Michael Jackson o Whitney Houston les acaban costando la vida. La vida de Demi Lovato no ha sido demasiado fácil. Ella, que siempre ha querido ser sincera con sus seguidores, publicó en youtube hace unos meses un documental en youtube en el que habla de sus adicciones sin tapujos.

¿Cuántas estrellas hemos visto apagarse por culpa de las drogas? Jim Morrison, Britney Spears, Kurt Cobain, Elvis, Janis Joplin... Su entorno, sus compañías, el frenético ritmo de vida que les imponen aquellos que solo les ven como máquinas de hacer dinero y sobre todo el hecho de estar o sentirse solos pese a estar rodeados de un montón de gente, pienso que podrían ser determinantes en casos como los de ellos.

Ojalá que casos tan públicos como este sirvan para dar ejemplo. Las drogas, son malas. Es muy fácil entrar pero muy complicado salir. Estoy convencido de que Demi volverá a brillar.