Es uno de los pocos latinajos que resisten incólumes en nuestro lenguaje popular. Curriculum vitae denominamos al historial que cada cual presenta de su propia vida para vender nuestras capacidades. En esa relación de experiencias docentes, profesionales e incluso de aficiones o rasgos personales solo tienen cabida los aspectos positivos del personaje, que suelen ser inflados, adornados y maquillados en proporción inversa al pudor del relator.

Nadie pone en su currículum que terminó la carrera con aprobados pelados ni que le echaron de algún trabajo por no dar un palo al agua, que bebe más de lo aconsejable o que le falta un ojo. Ahí solo se cuentan las virtudes; de las carencias o defectos no se habla. Eso explica que en el apartado de aficiones puedan aparecer "ávidos lectores" que igual no han pasado de las novelas del oeste, o consumados cinéfilos que solo ven películas porno.

Los especialistas en recursos humanos separan de un vistazo el grano de la paja y saben que cuando alguien pone "nivel básico de inglés" es que el declarante solo sabe decir yes y que si manifiestan tener "estudios de Derecho" es que apenas si han pasado del primer curso. Por ello, los capítulos más importantes de un currículo son siempre los de formación y experiencia profesional que han sido debidamente acreditados, aquellos en los que de marcarse un farol se lo pueden apagar.

El tremendo jaleo que se ha montado en torno al máster de Cristina Cifuentes, al margen de poner a la presidenta de Madrid en una situación crítica, inimaginable hasta hace poco más de un mes, ha desatado una 'guerra de currículums' en la que no va a quedar títere con cabeza. Además de los periodistas que rastrean por tierra, mar y aire títulos inexistentes o másteres obtenidos de aquella manera, los partidos andan también cotejando los historiales de sus rivales políticos a la busca del menor fallo que los ponga a los pies de los caballos.

Ante semejante tsunami, no son pocos los cargos públicos de todos los colores que han revisado estos días línea por línea sus propios currículums por si hubiere alguna exageración, inconveniente o alguna trola que pudiere dejarles en precario. No tardaremos en ver unos cuantos casos de personajes públicos que han decidido limpiar sus historiales de florituras y artificios que, tal y como está ahora el patio, les puedan resultar tóxicos.

De momento, la pésima gestión del caso Cifuentes obligó al vicesecretario del PP Pablo Casado a desnudar su propio máster antes de que fuera demasiado tarde y a dar explicaciones a políticos como José Manuel Franco, Toni Cantó o la alcaldesa de Córdoba, e incluso a dimitir a un diputado gallego de Podemos, que se había sacado de la manga toda una Ingeniería en Electrónica. Los currículums son, al día de hoy, un material altamente inflamable. Cualquier anotación inapropiada puede ser usada en tu contra.