"Harta de picotear por mil trabajos y no sacar ni para pipas". "Ando en un montón de cosas, pero ganar, poco". "Ser precaria a esta edad es tan agotador que te quita las fuerzas que todavía te quedan y además esta nuestra ya no es una edad para estar lampando, después de lo que hemos trabajado". "No pido la baja si me pongo enferma, porque el follón que se arma si falto es tal, que me puedo quedar sin el trabajo que me encargan"…

Son frases de una conversación entre varias mujeres con muchos años de experiencia en su profesión, a las que la crisis expulsó del mercado laboral, pero que se buscan el trabajo como pueden, con el entusiasmo que aún les queda. No todas están en la misma situación, pero ninguna ha vuelto a conseguir un empleo por cuenta ajena.

Una aspiración imposible que ya no se plantean ni en sueños, escuchando y leyendo los cientos de datos tremendos que cada año publican los medios de comunicación por activa, pasiva y perifrástica en la semana del 8 de marzo para poner de manifiesto lo que ya sufrimos unas más que otras, que la desigualdad de todo tipo es una bota muy pesada que tenemos las mujeres sobre nuestras cabezas.

Y como ocurre cada año, la semana ha sido intensa y profusa en cifras que hablan de los avances logrados, de lo que prometen hacer si les damos el voto –es un momento electoral muy propicio– y de lo mucho que todavía queda por hacer, que es lo que a nosotras nos parece lo más perentorio, porque se avanza, sí, lentamente creo, pero los avances no son los mismos para todas.

Tomando un café este domingo para charlar de todo esto, de la vida y de los picoteos laborales buscados por aquí y por allá con entusiasmo aunque no se paguen lo que valen, una de estas mujeres habló de un ensayo, El entusiasmo, Premio Anagrama de Ensayo 2017, de Remedios Zafra, escritora y profesora en la Universidad de Sevilla, que cuenta cómo una vocación y un entusiasmo originales, especialmente en las profesiones que tienen que ver con la creación y la cultura, pasados por el filtro de la precariedad, "acaban siendo instrumentalizados en beneficio de un sistema que favorece todo tipo de inestabilidades, incertidumbres y cansancio cuando no hartazgo y desidia: un medio perfecto de pervivencia y estímulo de las desigualdades y de la desarticulación de toda contestación".

En una entrevista que le hizo en Filosofía&Co Pilar G. Rodríguez, leo a la autora señalar que aunque parece complejo, no lo es. "Lo entienden –porque lo entienden sus carnes– un batallón de becarios, interinos, autónomos, colaboradores, investigadores, creadores (sin olvidar sus versiones femeninas seguramente mayoritarias) que trabajan cada día conectados a la esperanza de una oportunidad, de la siempre ansiada, pero siempre lejana estabilidad".