Hace unas 48 horas que los 12 inmigrantes que el pesquero Nuestra Madre Loreto rescató en el Mediterráneo fueron desembarcados en un puerto de Malta, una vez que recibieron la autorización de Salvamento Marítimo. Diez largos y penosos días duró la peripecia del barco de Santa Pola, atrapado frente a aguas libias sin que al Gobierno español parecieran importarle nada los migrantes rescatados, la tripulación, su seguridad ni las condiciones de peligro en las que vivieron en ese tiempo.

Ha resultado patético escuchar a algunos ministros y al propio presidente Sánchez aludiendo a cumplir los compromisos internacionales y a llevar a los náufragos "al puerto más cercano", evitando en todo momento referirse a Libia (ese puerto más cercano) para no morirse de la vergüenza. A Libia, sí, ese país en el que se compra, se vende, se subasta y se tortura a los migrantes y al que el patrón del Nuestra Madre Loreto, Pascual Durá, se negó a entregarlos.

La Comunidad Valenciana volvió a ofrecer sus puertos, pero el Gobierno se llamó andana y ni atendió la oferta. ¡Qué diferencia de trato y de actitud entre este caso y el del Aquarius! ¿Se acuerdan de la gran movilización para traer al Aquarius, el pasado mes de junio, a los pocos días de que Pedro Sánchez accediera al gobierno?

Entonces, se anunció a bombo y platillo la acogida de los más de 600 migrantes que rescató el Aquarius y su desembarco en el puerto de Valencia. La operación fue un ejemplo para toda Europa, nos sentimos orgullosos de la decisión y muchos creímos que esa iba a ser la directriz en adelante. Pero no. Inexplicablemente dos problemas iguales han tenido distinta respuesta por parte del mismo Gobierno.

¿Qué ha pasado en solo unos meses para que la reacción haya sido la contraria? ¿Los compromisos no conocidos con la Unión Europea? Es difícil comprenderlo. Sean cuales sean las razones, el comportamiento que ha tenido el Gobierno español con el Nuestra Madre Loreto demuestra que aquella pretendida humanidad publicitada hasta la saciedad no era más que una falacia o –como no se cansa de repetir un amigo mío– un gesto de puro oportunismo político que ahora ha quedado en evidencia.

Humanidad que sí han tenido la tripulación y el patrón del pesquero, que han aguantado diez días el pulso para no entregar a los rescatados al país del que habían huido, y humanidad la de Proactiva Open Arms, que ha asistido al barco con atención médica y víveres.

Como bien resumía esta organización en un tuit, la solución llegó "tarde, mal y sin escrúpulos. Jugando con la seguridad de las personas, 10 días sin noticias, un temporal duro, una persona evacuada en helicóptero y un alto riesgo para toda la tripulación". ¿Queda claro?