El fraude de los falsos autónomos

CHARO RUEDA. PERIODISTA
Charo Rueda, periodista.
Charo Rueda, periodista.
CHARO RUEDA

Los países escandinavos son los líderes —como en otras muchas cosas— del teletrabajo en Europa. Lo ven como una posibilidad de mejorar el equilibrio trabajo-vida familiar, la calidad de vida, incluso, de obtener un mejor rendimiento y mayor independencia basada en la confianza de sus empleadores y muy beneficioso para el medio ambiente, por el ahorro en emisiones de CO2 que supone el transporte al puesto de trabajo.

Pero en España no cuaja y no llega al 7% el porcentaje de empleados que ejerce el teletrabajo, que solo ofrece el 13% de las empresas, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Eurofound. En la Unión Europea, el 17% de los empleados hacen teletrabajo o trabajo móvil con tecnologías de la información.

Dicen los expertos que a los españoles no nos gusta el teletrabajo porque necesitamos la relación con los compañeros. Le damos más importancia al aspecto social del trabajo, a compartir experiencias, que al tiempo que nos podemos ahorrar en el trayecto al trabajo. Es también por ese sentimiento de pertenencia a la tribu y por la necesidad de seguir teniendo su protección en nuestra trayectoria laboral. Trabajar en casa, sí, da mayor libertad, independencia, tiempo... pero le aparta a uno de la tribu, con todo lo que eso implica para el corazón y la cabeza.

También cuenta y mucho que aquí es más importante el presentismo: trabajamos más horas, aunque eso no significa que seamos más productivos; es estar para que nos vea el jefe, al que también le gusta vernos cerca.

La experiencia tampoco nos pone muy bien. Cuando estalló la crisis, muchas empresas, también las periodísticas, acudieron al teletrabajo mal entendido para ahorrarse costes laborales e indemnizaciones por despido con propuestas del tipo: "Te coges una excedencia, te haces autónomo, te damos trabajo en tu casa durante un año y cuando pase la crisis vuelves". Pero la crisis no duró solo un año ni dos ni tres... Esa fue la trampa en la que cayeron miles de falsos autónomos, que, superados los peores años de la debacle económica, siguen en sus casas atendiendo a un único empleador, el mismo para el que trabajaron antes por cuenta ajena. Una situación forzada por el mercado, en absoluto una elección voluntaria.

Dicen distintos informes que el teletrabajo, tanto si la empresa lo lleva a cabo con sus trabajadores como si lo hace con autónomos, aporta muchos beneficios. Para el empleador, porque obtiene entre un 10% y un 20% más de productividad, y porque piensa que los horarios flexibles ayudan a retener y motivar a los miembros importantes del personal. Para el empleado, porque mejora su calidad de vida en muchos sentidos: estrés, alimentación, tiempo, conciliación...

Sí, todo es muy lógico, pero aquí nos gusta más el roce. Y además tiene trampa.

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