Si con ello consiguiera tener una sanidad mejor, como la que teníamos antes, a mí no me importaría pagar más impuestos, porque es verdad que no hay dinero para sufragar tanto gasto".

Es la enésima vez que escucho el argumento por boca de distintas personas referido no solo a la sanidad, también a las pensiones, a la educación o a las inexistentes ayudas a la dependencia. Pero esta vez lo decía una amiga muy cercana y me extrañó, más que su falta de información, su candidez. Estaba convencida de que vamos a tener que apechugar con lo que podamos para seguir teniendo unos servicios que ya pagamos y repagamos con nuestros impuestos.

El mensaje está calando. A pesar de las continuas advertencias de organizaciones que alertan del desigual reparto de la riqueza y de que sigue habiendo recortes aún en la pretendida salida de la crisis, los que mandan –y no solo el Gobierno de turno– nos están convenciendo de la peor manera, con la mentira o con verdades a medias. Nos meten el miedo en el cuerpo con las cosas de comer, que antes eran intocables, y así no es extraño que cada vez se escuche a más gente, la que puede, claro, hablar de hacerse un seguro sanitario privado, un plan de pensiones y lo que haga falta para conjurar el miedo a lo que nos dicen que se nos viene encima.

Porque si hasta el gobernador del Banco de España recomienda que nos hagamos un plan privado de pensiones, cómo no le vamos a creer. Como cuando nos cuentan que los hospitales están saturados por la epidemia de gripe. Pero no nos cuentan que el pretendido déficit de la Seguridad Social no se debe a que haya más pensionistas, sino a que las sucesivas reformas laborales han dado como resultado cotizantes con trabajos precarios y salarios de subsistencia, como bien señala el politólogo Antón Losada. Tampoco nos cuentan que los hospitales están saturados debido no a la gripe, sino al cierre de camas y recortes en personal, como denuncian los profesionales de la sanidad; ni que en Madrid, por ejemplo, hay una buena parte de ellos gestionados ya por manos privadas para las que prima exclusivamente la rentabilidad.

No hay dinero para pensiones, sanidad o educación, pero en febrero el Gobierno va a rescatar las autopistas en quiebra y asumirá sus pérdidas de 2.000 millones de euros. Ni lo había en 2009 cuando comenzó el rescate bancario. El mismo señor que nos recomienda un plan de pensiones privado da por perdidos 42.590 millones de euros de los 56.865 que el Estado regaló a los bancos.

"Tú que eres una trabajadora estás dispuesta a pagar más impuestos para que la sanidad siga siendo como antes –le digo a mi amiga–, pero no es falta de recursos lo que tenemos, sino un sistema impositivo muy benévolo con las rentas del capital, permisivo con las grandes fortunas y que penaliza las rentas del trabajo".

Intermón Oxfam lo ha denunciado en su informe anual: la recuperación está beneficiando a los ricos, y el 1% de ellos concentra la cuarta parte de la riqueza. Está claro por dónde van los tiros.