El domingo, paseando por el centro de Madrid, me encontré con una imagen que se repite cada año, pero que yo había olvidado porque desde hace cinco no la había vuelto a ver. La fiesta de la trashumancia trajo a esta bulliciosa capital una estampa milenaria: cientos de ovejas y cabras marchando por las calles, que antiguamente fueron cañada real, para seguir el camino desde los fríos montes de León hacia Extremadura, en busca de pastos en climas más benignos para pasar el invierno.

La imagen, aunque el fondo fuera la ciudad moderna, me llevó a imaginar otro tiempo donde la vida no era tan artificial y en la que se convivía con los animales de una manera que casi se ha perdido. Una imagen muy alejada de este momento en el que parece que estamos más cerca de lo que cuenta Philip K. Dick en su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en la que está basada la película Blade Runner, que de las ovejas auténticas que trashuman por las vías pecuarias de España. La acción de la novela se sitúa en un mundo lleno de polvo radiactivo después de una guerra nuclear que terminó matando a la mayoría de los animales, lo que lleva a la gente a tener animales eléctricos.

Plantada en una acera de la calle Mayor, me resultó muy entretenido observar a unos chavales y verlos emocionados por poder tener delante a estos animales ¡por una calle de Madrid! Y no, no eran hologramas, como bromeó alguien, eran ovejas ovejas.

Hoy estos niños están más cerca de imaginar ovejas mecánicas que ovejas reales "Hoy estos niños están más cerca de imaginar ovejas mecánicas que ovejas reales", me decía un amigo con el que compartía paseo y conversación sobre ovejas eléctricas. Con la rapidez con la que avanza el desarrollo de la realidad virtual, en nada estos muchachos van a tener más fácil ver delante de ellos hologramas de rebaños de ovejas o manadas de elefantes que animales reales.

Y, sin embargo, el domingo vieron todo lo contrario. Pastores de verdad con sus animales de carne y hueso atravesando las calles, mostrando una actividad muy antigua que intentan mantener en el siglo XXI. Para eso se organiza esta fiesta de la trashumancia, para llamar la atención y que no se pierda una tradición, que, según dicen los que viven de ella, ofrece un empleo sostenible y ayuda a conservar unos pastos que poseen el mayor número de flores por metro cuadro del planeta.

España es el único país con una red de vías pecuarias de 125.000 km de longitud y 420.000 hectáreas de superficie, protegida desde el siglo XIII. Esta red permite al ganado recorrer unos 1.000 km en primavera y otoño durante dos meses y que se mantengan así los ecosistemas. Ahora se quiere conseguir que cada una de las diez cañadas de La Mesta sean transitadas por al menos un rebaño. Espero que lo consigan, espero verles el próximo año y espero que quede mucho para que el holograma se instale en nuestras vidas. Prefiero las ovejas ovejas.