El éxito del 8-M ha obligado a cambiar el paso de los partidos que menos confían en el feminismo, PP y Ciudadanos, y aunque oportunistas, sus nuevas declaraciones, realizadas al rebufo de las grandes manifestaciones y de la huelga mundial del pasado jueves, pueden ayudar para que las reivindicaciones que cientos de miles de mujeres reclamaron entren en la agenda del Gobierno. O eso debería ocurrir si el lazo morado que Mariano Rajoy se puso en la solapa es más que un gesto y más que el intento de acallar las tonterías que estaban diciendo algunos en su partido, que no veían que algo muy grande iba a ocurrir.

"Esto lo corto yo de raíz –debió pensar Rajoy–, que ya tengo suficiente lío con los pensionistas en las calles como para recibir además fuego amigo de unas insensatas". Las insensatas –la ministra Tejerina y la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes– mutaron en cínicas, y con la misma naturalidad con la que nos habían dicho el día anterior que iban a hacer huelga a la japonesa y trabajar el doble, nos contaron al día siguiente que no, que eso nos lo habíamos inventado. La que no se pronunció a la contra fue Dolors Montserrat, ministra de Igualdad nada menos, que dijo sin despeinarse que el feminismo es una etiqueta y que las etiquetas no son para ella.

A Ciudadanos le pasó más de lo mismo: que si no apoyamos porque va en contra del capitalismo, que si no están claros los motivos –miopes los chicos–, que si no, que si sí, para luego erigirse en los primeros defensores del movimiento que también se les cayó encima.

Qué pérdida de tiempo y desgaste el de unos y otros, de despiste de lo que interesa y que no acaba de llegar para conseguir la igualdad. Tras el Consejo de Ministros del viernes no se ha anunciado ni sola una medida. Únicamente se ha dicho que el pacto por la conciliación y la racionalización de horarios que negocia el Ministerio de Empleo con sindicatos y patronal está muy avanzado, pero nada más. Ni palabra tampoco de la financiación del Pacto contra la Violencia Machista, que el Gobierno ha dejado sin presupuesto, a pesar de que en su aprobación había comprometido 200 millones de euros. Ni del cumplimiento de la Ley de Igualdad ni del sistema de cuotas en las empresas públicas. Una ley que ya existe, pero que no se cumple.

En el Congreso, las posturas del PP tampoco han llamado al optimismo hasta ahora. Por ejemplo, ha vetado hasta en dos ocasiones una Proposición de Ley para equiparar los permisos de paternidad y maternidad y se han abstenido en la admisión de otra proposición contra la brecha salarial.
Con estos precedentes, hay muy poquitas razones para la esperanza, y solo el grito unánime de los cientos de miles de mujeres que salieron el jueves a la calle puede lograr lo contrario. A ver si lo han escuchado.