Para desinflar los ánimos de cara a la huelga y a las movilizaciones feministas previstas para el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, a la ministra Isabel Tejerina no se le ha ocurrido mejor idea que decir que ella va a hacer huelga a la japonesa: trabajar el doble que un día normal para demostrar lo que valen las mujeres. Algo así dijo.

Luego la genial idea fue copiada por otras dirigentes, como Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, que ya nos contó en verano que ella no se toma vacaciones para trabajar más por los madrileños –¡peregrino ejemplo el que nos da!– y que ahora también dice que doblará jornada, quiero suponer que por los mismos motivos.

La huelga a la japonesa (trabajar más de la cuenta como medida de presión sindical pero, además, cobrando el sueldo) es un cuento chino; perdón, japonés, pero cuento al fin y al cabo. Es una leyenda urbana española que no se conoce ni en Japón –allí se hacen huelgas como las conocemos– ni en el resto del mundo.

Me cuesta creer que estas mujeres no quieran que mejore la situación de sus congéneres en el trabajo, en derechos, en visibilidad, en salarios, en igualdad a fin de cuentas, que es lo que pedimos todas.

La huelga huelga, sin apellido oriental, es un derecho reconocido en la Constitución, por tanto todo aquel que considere que tiene que hacerla, la debería poder hacer sin que por ello le cobren un peaje. Y a quien no quiera hacerla le asiste el mismo derecho, así que no llego a comprender las razones disparatadas que estoy leyendo estos días por parte de quienes rechazan una movilización tan especial como esta, convocada en más de 150 países y que se hace para intentar conseguir una sociedad más justa e igualitaria.

A algunos les cuesta asumir que la gente por iniciativa propia, desde la base, sin dirigentes políticos al mando, pueda organizar acciones como la del 8 de marzo. De otra manera no se entiende que un político como el popular Javier Maroto, al que le suponía ideas más… ¿avanzadas?, pueda decir sin despeinarse que esta es la manifestación de Pablo Iglesias y que por eso no la apoya. ¡Vaya torrija!

Mire, no, señor mío, la movilización no es de Pablo Iglesias ni de Pedro Sánchez ni de Albert Rivera ni de… iba a decir Mariano Rajoy, pero aunque quisiera él, tampoco sería suya. La marcha es sobre todo nuestra, de las mujeres; también de cientos de organizaciones sociales y sindicales, y de hombres que luchan con nosotras contra el patriarcado y el machismo y quieren una sociedad igualitaria. Es una movilización nueva, nunca ha habido una convocatoria tan amplia de mujeres, que piden ser y estar "libres, vivas, feministas, combativas y rebeldes". Una movilización de la mitad de la población para demostrar que si ellas paran, se puede parar el mundo. Así que, por favor, no distraigan. La gente es libre y madura para hacer lo que considere oportuno.