La información que recibimos por los innumerables modos de obtenerla que existen hoy en el mundo de la comunicación es un fraude. Y no me refiero solo a esto tan moderno que hemos dado en llamar fake news (noticias falsas), un rizar el rizo casi imposible de digerir para mí, sino a otra forma de contar las cosas que se ha puesto de moda, por lo menos, en la televisión.

Un fraude, sí, porque se traspasan límites prohibidos hasta antes de ayer. Y me explico, aunque sé que me va a caer la del pulpo: estoy viendo el informativo en un canal de televisión y cuando pasan a los deportes, que también es información, una señora o un señor –depende del día– dan una noticia y a renglón seguido, sin separación ni advertencia, me cuentan dónde me puedo comprar un sinfín de artículos deportivos con los que voy a ser inmensamente feliz. Vuelven a dar una noticia cortita y rápida –no hay que perder el tiempo– y siguen con la retahíla de bondades de la marca deportiva que quieren que me compre a toda leche, porque si no, voy a perder la oportunidad de mi vida.

"¡Dios! ¡Tanto se ha desvirtuado esta bendita profesión!", me voy diciendo a mí misma mientras le intento buscar una explicación que salve a mis colegas de la quema. Y en estas estoy, cuando la mujer del tiempo empieza a hablar del buen ídem que va a hacer mañana en Almería o Cuenca como una oportunidad de oro para que me vaya rápidamente a una clínica dental donde lo hacen todo a unos precios estupendos. "¡Tela!", me voy repitiendo con insistencia, porque tampoco quiero yo echarle toda la culpa a la meteoróloga que me está metiendo en vena descaradamente una publicidad como si fuera información pura y dura.

Estas nuevas formas de hacer periodismo, que ya no separa una cosa de la otra, serán idea de la cadena de televisión –supongo yo– que de "algún modo" convence al periodista para que se preste a tamaño despropósito, y ese "algún modo" debe de ser muy convincente y si lo es tanto, en poco tiempo veremos cómo lo aplican también en los telediarios.

Como es el último grito mediático, luchar contra ello es una batalla perdida

"¿Esto no es un fraude? Los espectadores deberían protestar, porque se dan cuenta como me la doy yo; las asociaciones de la prensa, también", le cuento a un amigo y colega que me responde con mucho recochineo: "Que no, esto es publicidad informativa, información publicitaria o fake news mismamente. Y como es el último grito mediático, luchar contra ello es una batalla perdida".

Ya lo decía el maestro Kapuscinski en una entrevista hace ya unos años: "Ahora el mundo de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente. La revolución tecnológica ha creado una nueva clase de periodistas. En Estados Unidos se llaman media worker... La mayoría no saben ni escribir, en sentido profesional, claro. Este tipo de periodistas no tiene problemas éticos ni profesionales, ya no se hace preguntas".