Este jueves, 21 de marzo, se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down para volver a recordar que las personas con Trisomía 21 merecen un sitio en nuestra sociedad. En diciembre del año 2011, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró este día como una referencia en el calendario.

Entonces invitaba a "aumentar la conciencia pública" y alentaba "a los estados miembros a que adopten medidas para que toda la sociedad tome mayor conciencia, especialmente a nivel familiar, respecto de las personas con síndrome de Down".

Y lo hacía "reconociendo la dignidad inherente, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades, y la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad de tomar sus propias decisiones".

El lema de la celebración de este 2019 es "No dejar a nadie atrás" y nos recuerdan que "todas las personas con síndrome de Down deben tener la oportunidad de disfrutar de vidas plenas, tanto en igualdad de condiciones con las demás, como en el resto de aspectos de la sociedad".

La Trisomía 21 no es una enfermedad ni una tara ni un defecto de fabricación: "El síndrome de Down es una combinación cromosómica natural que siempre ha formado parte de la condición humana, existe en todas las regiones del mundo y habitualmente tiene efectos variables en los estilos de aprendizaje, las características físicas o la salud".

Quien solo vea en estas personas a subnormales, mongólicos, tarados… necesita corregir su miopía. Tienen el don de la felicidad y una inteligencia emocional por encima de la media.