Eendracht significa 'juntos' en neerlandés. Es el idioma que habla la tripulación de una impresionante goleta de Róterdam así bautizada, tres mástiles y 60 metros de eslora. Juntos y aprendiendo, porque en su pasaje se mezclan turistas amigos del lujo con jóvenes desfavorecidos a quienes se da la oportunidad de cambiar adicciones por una afición y hasta profesión tan maravillosa como la de navegar. Subes a su puente de mando, agarras el gran timón de madera y te sientes Russell Crowe haciendo de Afortunado Jack en Master and Commander. Pero yo no estoy allí para hacerme la típica foto de postureo (que me hago a mayor gloria de Instagram). Me han llamado para hacer de guía ornitológico. Sus ocupantes, recién atracados en la isla de Fuerteventura tras una tormentosa experiencia por el Atlántico, quieren pisar tierra firme, caminar y, algo sorprendente, ver pajaritos.

Suelto el timón, nos untamos de protector solar, agarramos los prismáticos y salimos al campo en un día maravilloso por el que la mareada marinería no deja de dar gracias. En el grupo hay gente de todas las edades, de todas las profesiones, de todos los gustos. ¿Cómo es posible que todos estén disfrutando cual niños pequeños viendo a dos aves minúsculas volando de la rama a una piedra y de la piedra a una rama, una pareja de tarabillas canarias que, sí, son únicas en el mundo, solo se pueden ver en esta isla, pero tampoco es Bob Dylan cantando ni su baile agitando la cola se parece al de Beyoncé? Sensibilidad. No son turistas al uso. Son personas delicadas, dispuestas a aprender y a dejarse contagiar por el entusiasmo ajeno, viajeros, a fin de cuentas. Después de disfrutar de camachuelos trompeteros, bisbitas, guirres, cuervos, tarros canelos, mosquiteros y currucas varias, me envalentono y los llevo a ver piedras, las raíces geológicas de Canarias. Y siguen disfrutando. Mucho más sin duda que las personas en bañador con las que nos cruzamos. Esas caminan despistadas como pollos sin cabeza pero, eso sí, lucen orgullosas pulseras del todo incluido por si se pierden.

Hay gente para todo, que diría mi padre. Y muchos cambios en la mentalidad turística, detecto yo. Lo del turoperador organizando tus vacaciones hasta el último detalle, incluidos copas, compras y espectáculos, va a menos. Volviendo a mi isla, de los más de 3,5 millones de turistas que sus apenas 100.000 habitantes hemos recibido el año pasado, la mitad, casi dos millones, planearon las vacaciones por su cuenta y riesgo. Reservaron en internet el avión, el hotel o apartamento, leyeron guías, señalaron en el mapa puntos importantes a visitar, buscaron restaurantes o supermercados, planificaron rutas, compartieron experiencias y dudas con otros de semejantes gustos a los suyos, y hasta metieron en la maleta unas botas para patear el campo o unas playeras para correr, según intereses. Más de uno incluyó los prismáticos.

Lo del turoperador organizando tus vacaciones hasta el último detalle, incluidos copas, compras y espectáculos, va a menos

Esta semana se inaugura en Madrid Fitur, la gran cita española del turismo. Estará centrada en la sostenibilidad y la innovación tecnológica, las dos patas del gran cambio que gracias a internet, el low cost, la economía colaborativa y el mundo global con un idioma global (el inglés), unido a nuestra curiosidad, está disparando todas las estadísticas de movilidad. Como en otros campos de la vida, los grandes dinosaurios empresariales tienen cada día más dificultades para mantener sus beneficios frente a una ciudadanía bien informada, muy autónoma y sobre todo sedienta de experiencias diferentes, de sensaciones únicas que, influidas por las redes sociales, persigue la exclusividad. Individualismo inteligente en la sociedad más anónima y pública.

Así se explica que mientras caminaba con mis holandeses por los llanos pelados majoreros nos encontráramos con varias parejas igualmente a la caza de avecillas hermosas. Y mira que el día estaba para tomar el sol tirado en una tumbona. Pero playas hay muchas y tarabillas canarias muy pocas.