¿Cuánto tiempo hace que no ves una luciérnaga? Ya sabes, esos curiosos insectos que en la noche iluminan sus abdómenes con una lucecita verde, a modo de candil. Quizá no hayas visto nunca uno. No es fácil. Cada vez hay menos por culpa de tanta contaminación y pesticidas. Pero también es verdad que vamos mucho menos a pasear por la noche a la luz de la Luna, sin farolas ni linternas. Tampoco se pueden ver todo el año. El momento es ahora, en verano. Los adultos viven escasamente una semana. Solo las hembras se iluminan para atraerse a los machos. Y no están encendidas toda la noche. Apenas lo hacen un par de horas, de 10 a 12 de la noche. Es su horario habitual de ligue.

Las larvas viven mucho más tiempo. Dos años. Esas crías son en realidad implacables depredadores. Se alimentan de caracoles y babosas. Los atrapan y matan como si fueran pequeños leones succionadores de proteínas. A lo largo de su vida pueden comerse más de 70 caracoles. Pero solo las larvas. Luego de adultos no prueban bocado. Su luz es el canto del cisne, un último esfuerzo de belleza infinita hacia un futuro, el de su descendencia, que no conocerán.

Las últimas luciérnagas agitan sus candiles en una naturaleza cada día más silenciosa y vacía. Nos hacen señales: peligro, peligro. Porque un mundo sin insectos no es una ventaja. Olvida el mosquito tigre. Recuerda los largos viajes de la infancia de camino al pueblo o la playa, cuando el parabrisas del coche se llenaba de mosquitos aplastados. Ahora hacemos miles de kilómetros y el cristal está limpio como una patena. Es el bichocalipsis. Pero si el campo ya no es lugar para insectos, poco exigentes, imagina cómo será para nosotros. Por no hablar de las ciudades.