Nos estamos comiendo el planeta. Así, como suena. Cada vez somos más comilones, aunque el reparto es desigual: 820 millones de personas pasan hambre y 2.600 millones tienen sobrepeso.

Los 10.000 millones que nos apiñaremos hacia 2050 soñaremos con un mundo más justo y sostenible, pero seguramente no soñaremos ya con un buen chuletón. Porque no hay planeta que pueda producir tanta carne sin sufrir sus consecuencias.

El ganado y sus pastos ocupan más del 70% de las tierras agrícolas y apenas aportan un 18% de las calorías que necesitamos, mientras que provocan un tercio de los gases de efecto invernadero.

"Los alimentos son la palanca más potente para optimizar la salud humana y la sostenibilidad ambiental en la Tierra. Sin embargo, la comida está amenazando a las personas y al planeta".

El entrecomillado no es mío ni de un grupo ecologista. Es la conclusión a tres años de investigaciones realizadas por un plantel internacional de 37 científicos cuyo estudio se publicó este año en The Lancet, la revista médica más importante del mundo.

Sabios que han evidenciado la necesidad urgente que tiene la humanidad de cambiar algo tan identitario y personal como sus hábitos alimentarios. Y que nos proponen abrazar la que han bautizado "dieta planetaria", la más saludable para el planeta: mucha menos carne y pescado, más verdura y frutas. ¿Les suena? Es la favorita de los nutricionistas. Y de la Organización Mundial de la Salud. La más sana para nosotros y el medio ambiente.

Nada más lejos de hacerse vegetarianos. Pero si en lugar de comer carne con verduras volviéramos a las verduras con carne, y a las legumbres de viernes, nos sentiríamos mejor por dentro y por fuera, planetariamente hablando.