No me lo podía creer. Tras una complicada travesía, en velero primero, después en zódiac, acabábamos de tocar tierra en Salvaje Pequeña, una diminuta isla desierta perteneciente al diminuto archipiélago deshabitado de las Salvajes, a medio camino entre Tenerife y Madeira, también casi a medio camino entre África y América. Una playa paradisiaca… sembrada de plásticos. La hermosa costa era un estercolero.

¿De dónde venía tanta basura? Las etiquetas en español, portugués, árabe e inglés de los envases arrojados por las olas no ofrecían dudas, venía de todas partes. Y no están las Salvajes en medio de una de esas cinco famosas islas de basura como la del Pacífico norte, cuyo tamaño tiene tres veces la extensión de Francia. Lo que vi allí es lo normal en los océanos. Plásticos y más plásticos, algunos tan pequeños y abundantes como los granos de arena de esas playas en donde, si coges un puñado y la miras de cerca, descubres multicolores trocitos ya imposibles de separar del resto.

El plástico es un inmenso desastre planetario. Porque como el 70% de lo arrojado al mar se va al fondo, lo que vemos flotando es tan solo la punta del iceberg del problema. Hay más plástico que peces. Según Greenpeace, cada segundo no menos de 200 kilos son vertidos en los mares del mundo, más de 8 millones de toneladas al año. Algunos de estos residuos pueden tardar siglos en degradarse.

Y el problema va a más. En apenas diez años su producción ha aumentado un 50%, la mayoría por culpa de los envases de un solo uso que empaquetan comidas y bebidas, un millón de botellas de plástico por minuto. Los españoles gastamos 7.000 millones de bolsas al año, de las que solo se recicla un 10%. En 2020 la producción mundial de plástico superará los 500 millones de toneladas, un 900% más de lo fabricado en 1980. Tanta mierda no hay planeta que lo aguante.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), que nació al final de la Segunda Guerra Mundial para garantizar la paz y el bienestar de la humanidad, acaba de añadir a su larga lista de preocupaciones la de la contaminación marina por plásticos. Desde 1972 celebra cada 5 de junio el Día Mundial del Medio Ambiente y hoy lo aprovecha para disparar todas las alarmas: nos estamos cargando los mares. Es necesario usar menos plástico y reciclarlo mejor.

También propone emprender acciones de limpieza de playas, pero ¿sirve para algo cuando cada marea arroja nuevas toneladas sobre los espacios recién limpiados? Sirve y mucho. Porque cuanto más limpias y más inútil parece ese esfuerzo inacabable, más te persuades de usar menos plástico, más te esfuerzas por convencer a tus amigos en la necesidad de poner fin al sinsentido contaminador. Más te convences de que o acabamos pronto con este iceberg de mierda o nos hundiremos contra él cual Titanic suicida.