Ante todo quiero transmitirte mis deseos de mejora y recuperación. Pero me temo que el resto de esta carta no te va a gustar.

Tras las terapias milagrosas suele haber historias similares: la persona que ha descubierto el presunto tratamiento es alguien que no pertenece a la comunidad científica y que ha conseguido acertar allí donde todos los demás han fallado. Y normalmente es algo muy sencillo para tratar enfermedades muy graves. El problema es que todo esto es demasiado bonito para ser cierto. Para demostrar la eficacia de un tratamiento hay que emprender un ensayo clínico estandarizado y aprobado por las autoridades sanitarias, con un amplio grupo de pacientes en condiciones controladas, y que después los resultados de ese ensayo sean analizados y validados por otros expertos para finalmente publicarse y convertirse en ciencia real.

Me dirás que hay infinidad de testimonios de que funciona. No lo dudo, siempre los hay. Pero hay otros motivos que pueden explicarlo, como la remisión espontánea, los ciclos de la enfermedad, el sesgo de confirmación, el efecto placebo... En ciencia lo llamamos el 'amimefuncionismo'. Si a ti te funciona, adelante, pero al menos aún, no es ciencia.

Lo cierto es que no existe un solo caso, hasta donde sé, en que un diletante (solo es una descripción, sin ánimo peyorativo) haya encontrado la piedra filosofal de un problema donde han fallado miles de médicos e investigadores especializados con impresionantes credenciales e intensa dedicación. Es curioso que nadie creería que un aficionado ha construido una nave para viajar a la velocidad de la luz, y sin embargo en biomedicina circulan historias así continuamente.

Por último, quería hacerte un comentario a propósito de la big pharma. No cabe duda de que algunas compañías han cometido malas prácticas e incluso delitos, los  cuales deben achacarse a esas compañías concretas y no al sector en general. La mala fama que tiene esta industria se reduce en el fondo a la absurda acusación de tener ánimo de lucro, algo aplicable a cualquier otra empresa, hasta al bar de la esquina. Las farmacéuticas no son ONG, y es comprensible que no inviertan en tratamientos no rentables.

A quienes sí podemos y debemos exigir esa inversión a fondo perdido en investigación sobre enfermedades minoritarias es a las entidades públicas, que manejan nuestro dinero. Yo estoy encantado de apoyar esa investigación con mis impuestos.

Mucha suerte,

Javier Yanes
Periodista, escritor, biólogo, doctor en Bioquímica y Biología Molecular y autor del blog Ciencias mixtas .