El coronel sí tiene quien le escriba

CARMEN REMÍREZ DE GANUZA. PERIODISTA
Carmen Remírez de Ganuza, periodista.
Carmen Remírez de Ganuza, periodista.
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Puede que resulte extraño comparar al icónico coronel de García Márquez con el coronel de carne y hueso de la Guardia Civil que este martes declaró ante el Tribunal Supremo. Aquel militar jubilado sin nombre no tenía quien le escribiera —lo dice el título del Nobel de Literatura—, pese a lo cual cada viernes paseaba su soledad hasta la oficina de correos por si el Estado tenía a bien pagarle una mísera pensión. Diego Pérez de los Cobos, nuestro coronel de carne y hueso, está muy lejos de haberse retirado, y hoy ostenta nada menos que el mando de la Benemérita en Madrid. Además, si algo dejó sentado la fiscal, es que él sí tiene quien le escriba y le reconozca —ya se verá lo que dice la Sala— sus pretendidos méritos de 'guerra'.

Pero a partir de ahí, sus relatos se confunden; el primero, en los laberintos del realismo mágico y las latinas peleas de gallos; el de aquí, en los del surrealismo hispano, el "esperpento" valleinclanesco —en palabras de otro de los testigos, el exdelegado del Gobierno Enric Millo— y esa otra suerte de pelea de gallos a la española en que se convirtió aquella Junta de Seguridad previa al 1 de Octubre entre los hombres de Puigdemont y los delegados del Gobierno. "Ellos eran los convocantes de la actividad ilegal [el referéndum] que [todos los reunidos] estábamos llamados [obligados por el auto judicial] a impedir", declaraba el coronel. Para el Govern, el "bien superior" era preservar la normal convivencia, que llamaba la jueza a preservar. Para el Gobierno, cumplir con la parte dispositiva, esto es, impedir el referéndum. Después de aquella Junta "surrealista", en boca del coronel; de aquel "despropósito" en palabras de Millo, y en la que, según un tercer testigo, Juan Antonio Puigserver, Puigdemont aseguró que "un auto judicial no puede anteponerse a los derechos de los ciudadanos", el desastre del 1-0 era —emulando de nuevo a García Márquez— una "crónica anunciada".

Sin embargo, sorprende que la "desconfianza creciente" del coronel y los demás altos cargos del Gobierno hacia los Mossos no fuera una "constatación fehaciente" hasta la mañana misma del referéndum. Solo su "pasividad absoluta" el día de autos movió a actuar al coordinador de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. El auto de la jueza no solo obligaba a impedir la consulta sino a impedir, antes, la apertura de colegios. "Se consideró", dijo Millo, que fueran los Mossos quienes actuaran en aquellos días previos, pero durante todo el fin de semana pudo comprobarse cómo estos no actuaban contra la ocupación de los colegios. ¿Por qué no actuaron entonces la Policía y la Guardia Civil...? Sea como sea, este martes no fue un buen día para las defensas, que hubieron de atender a una larga descripción de la "conflictividad, acoso, hostigamiento, violencia e intimidación" del procés, amén de la 'trampa del Fairy' para hacer resbalar y luego patear a policías… Puro realismo mágico.

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