Quien piense que los comicios del próximo domingo son de carácter menor se equivoca. Quienes entiendan que las elecciones municipales y autonómicas carecen de interés y que lo único realmente importante sucedió el pasado 28 de abril incurren en un inmenso error.

Lo que pase el 26 de mayo en los pueblos, ciudades y comunidades autónomas influirá, de forma determinante, en nuestras vidas; y la comprensible fatiga que pueda producirnos el exceso de convocatorias electorales a que hemos sido sometidos en los últimos años no debería nublar la trascendencia de los comicios y, mucho menos, rebajar el nivel de participación.

Este domingo, además, habrá una tercera urna tan decisiva como las anteriores o incluso más, aunque en general no se tenga esa percepción. En las elecciones al Parlamento Europeo nos jugamos mucho, y convendría que los partidos hicieran pedagogía sobre la dimensión de unas votaciones que han de perfilar la Europa que queremos. Está en juego un modo de vida que ha sido, y todavía es, el gran referente del planeta.

Es verdad que esta cita electoral viene muy condicionada por la proximidad de las elecciones generales y las estrategias de los partidos se han visto atravesadas por sus respectivos resultados. El PSOE ha sacado pecho de su triunfo electoral con la reiterada advertencia a quienes les votaron de que el menor relajo causado por la victoria puede dar al traste con sus buenas expectativas. El objetivo de los socialistas para el domingo es mantener la movilización registrada en abril y desbancar unos cuantos gobiernos en manos del PP.

El Partido Popular es el que más se juega. Las encuestas predicen la posibilidad de que puedan perder bastiones como la Comunidad de Madrid y, en su mejor versión, recuperar otros como el Ayuntamiento de la capital, dos grandes cajas de resonancia nacional. A su favor tiene el previsible retorno de los desencantados de Vox, cuyos resultados en las generales estuvieron muy por debajo de las expectativas que ellos mismos proyectaron.

El PP salvaría los muebles de no verse sorpasado por Ciudadanos, ya que un mejor resultado de los naranjas pondría a Pablo Casado en una situación interna muy complicada. Ciudadanos quiere comerse a los populares en estas elecciones y eso casi les importa tanto como gobernar. Es su gran apuesta. El escrutinio del domingo decidirá quién gana la despiadada batalla que se ha librado en el centroderecha.

No son menores los riesgos que corren los partidos que concurren a la izquierda del PSOE, y especialmente Podemos. Su desplome en las generales no le permite concurrir con sosiego a unos comicios en los que puede quedar tocado el liderazgo de Pablo Iglesias. La demoscopia le da mucha ventaja a Íñigo Errejón en la Comunidad de Madrid sobre la candidata oficial de los morados.

Podemos no quiso plantarle cara al Más Madrid de Carmena, pero el intento de Sánchez Mato de IU con su Madrid en Pie –al que ninguna encuesta otorga un solo concejal– puede restarle fuelle a la todavía alcaldesa y que el centroderecha sume.

La de pasado mañana es una cita cargada de emociones y de futuro. Todos los votos cuentan y ninguno debería ser inútil.