Se estudiará en las universidades. No habrá facultad de Ciencias Políticas que se resista a incorporar en su plan de estudios un capítulo dedicado a la trayectoria de Pedro Sánchez. El recién estrenado presidente de Gobierno llega a la Moncloa como esos ciclistas que tanto admira Mariano Rajoy cuando suben las cumbres del Tourmalet o el Mortirolo, a puro pedal.

Nadie le incitó a iniciar esa carrera; fue una decisión personal que tomó cuando apenas tenía relevancia política y que sometió a la consideración de quien creyó que podía aportarle alguna luz. Lo hablamos en el Mercado de la Reina, cuyo menú del día entonces frecuentábamos. Siempre pensé que las apuestas ambiciosas requerían fe y tenacidad. De ambas cualidades ha dado varios recitales, el último y más sonado lo dio la semana pasada desalojando del Gobierno a un presidente que días antes celebraba la aprobación de los Presupuestos que prometían garantizarle el resto de la legislatura. Lo lograba tras haber estado dos veces políticamente muerto, como me recordaba este viernes una de sus más aventajadas ministrables. 

Es verdad que ha tenido la suerte y, sin duda, la habilidad de rodearse de algunos compañeros de viaje que exhibían incluso más tenacidad y fe en él que él mismo. Solo tres semanas antes de presentar la moción de censura, el PSOE daba en el CIS muestras de fatiga. Sánchez parecía perder el bonus de su épica victoria en las primarias del partido, tras resurgir de unas cenizas que sus viudas políticas habían juntado como por ensalmo. 

Hace solo tres semanas, su visibilidad era mínima y nada indicaba que fuera capaz de la audaz maniobra que operó. Pero en 24 horas accionó con singular destreza la poderosa palanca proporcionada por una sentencia sobre la Gürtel que había dejado desnudo e inerme al PP. Ni siquiera lo vieron venir. No tuvo que pactar ni apenas esbozar un programa de Gobierno. Le bastó con garantizar el cumplimiento de los Presupuestos al PNV, el grupo que tenía la llave y siempre un interés. De haberle negociado Aitor Esteban a Pablo Iglesias la compra del chalet se lo habría sacado por mucho menos y obtenido una buena comisión. Al resto de los Grupos que apoyaron la moción de censura se limitó a ponerles entre la espada de mantener a Rajoy y la pared de elevarle a la Presidencia sin mediar compromiso mayor.

Será a partir de ahora cuando se agolparán a su puerta para tratar de pasarle las facturas, aunque no las haya firmado, como le advirtió desde el estrado la diputada canaria Ana Oramas. Es a partir de ahora cuando tendrá que driblar las enormes dificultades que comporta gobernar un país con solo 84 diputados asegurados en una cámara de 350 escaños y un Senado con la mayoría absoluta de su principal oposición. Ni el PP, que ya está en modo campaña, ni Ciudadanos, al que descolocó, ni tampoco Podemos, que quiere hacer suyo el triunfo, se lo van a poner fácil. Aún menos los independentistas catalanes que le votaron a regañadientes y contra el criterio de Puigdemont. 

Ninguna prueba de las superadas antes tuvo la complejidad de las que tiene ahora por delante. Así ha de gobernar España, y más nos vale a todos que lo haga bien. Si lo logra, será Sánchez el título de moda de los nuevos politólogos para su tesis doctoral.