Algunos habían augurado poco menos que una revolución de fumadoresLa ley antitabaco del 2010 cambió la fisonomía de las ciudades en España. Aquella norma que entró en vigor en enero del 2011 acababa con la tímida y errática ley del 2006 que obligaba a los bares y restaurantes a elegir entre fumadores y no fumadores y, en donde hubiera espacio, a encapsularlos en burbujas acristaladas. Apostar por la restricción total fue un acierto. Además de poner orden al desmadre interpretativo que provocó la norma anterior, logró lo que realmente perseguía, reducir el padecer de los fumadores pasivos y rebajar el consumo de tabaco. Algunos habían augurado poco menos que una revolución de fumadores insumisos pero nada de eso ocurrió. En las discotecas el aire comenzó a ser respirable, en los bares ya no se mezclaba el olor del tabaco con el de la fritanga y en los restaurantes no había que compartir el 'purazo' de la mesa de al lado con tu pescadilla.

Tan exitoso fue el resultado que lo reconocieron la inmensa mayoría de los fumadores. La alternativa era salir a la calle de cuando en cuando a echar el cigarro y si hacía buen tiempo sentarse fuera. Así ganaron protagonismo las terrazas que fueron ganando espacio y alargando la temporada hasta cubrir todo el año. Las pérgolas y sistemas de acristalamientos con paneles móviles brotaron como setas en todos los municipios españoles con la complicidad de sus ayuntamientos que vieron en esta fórmula una substanciosa vía de recaudación que paliaba las penurias de sus arcas.

Las terrazas cerradas son un artificio para burlar una ley eficaz y justaLa ley del 2010, a diferencia de la anterior, es muy clara y permitía fumar en una terraza cubierta rodeada lateralmente por un máximo de dos paredes. Los primeros cerramientos de terraza fueron tanteando y jugaban con la movilidad de los paneles para trampear la norma pero el ejercicio generalizado de la vista gorda ha derivado en una vulneración absoluta de la ley. Tal es así que según los estudios de la OCU, el 87% de los bares con terraza no cumplen la normativa, es decir que son ilegales. Es un dato escandaloso que deja en evidencia a los ayuntamientos y la falta de interés del Ministerio de Sanidad por exigir su cumplimiento.Un fenómeno que, según la Sociedad Española de Medicina de Familia, constata la percepción de que casi la mitad de los españoles se siente fumador pasivo en estos espacios cerrados.

De avanzar en esta deriva, quienes fuman volverán a imponerse como antaño a los no fumadores apelando al buen rollo y la solidaridad con los pobres adictos al tabaco. Los cristales dejan pasar la luz no el humo y las terrazas cerradas son un artificio para burlar una ley eficaz y justa. Aunque el avance ha sido extraordinario el tabaco sigue matando, también a los que no fuman. No nos hagamos trampas en el solitario.