Una cadena humana formada por bomberos, técnicos de Cultura y agentes de seguridad rescató cuanto pudo mientras las llamas devoraban los techos de Notre-Dame. Salvaron reliquias tan veneradas como la Corona de espinas o la túnica de San Luis y piezas de valor artístico incalculable. El calor fundió el emplomado de algunos vitrales y afectó al órgano de 8.000 tubos que sonaba como los ángeles. Cada obra rescatada fue un hazaña y lo será el devolver el esplendor a la catedral de París.

Información relacionada