Los apaches mescaleros en el guion del la película eran solo una excusa. Ni siquiera el carismático Cochise, el jefe indio que les guiaba, tenía un papel tan destacado como el interpretado por Henry Fonda, un coronel  atormentado y racista con un rígido sentido del honor, o el de John Wayne dando vida a un capitán amigo de los nativos y un perfil humano. Ese contraste le proporcionó fuerza a la trama que el genio de John Ford supo trufar con aquellas cabalgadas épicas por el desierto de Arizona que se proyectaron en las pantallas de todo el planeta. Estamos en  1948,  los tiempos dorados del wéstern .

Con ese mismo título, Fort Apache, Pablo Iglesias presenta  un programa  en un canal local de televisión que sus autores definen como "una tertulia política de resistencia". En ese "fuerte" no hay heroísmo ni épica alguna, Iglesias cabalga allí sobre su propio ego hasta convertirlo en órgano de expresión de la formación morada que él dirige. Por lo que sus seguidores cuentan, el protagonista tiene sus días: en unos ejerce de Coronel como Fonda, en otros de capitán como Wayne y hay algunos en que parece Cochise.

Esta semana, invocando a la caballería podemita, cargó a gusto contra su peor enemigo político que, a tenor de los acontecimientos, no es otro que Pedro Sánchez, el mismo que le negó la entrada a la empalizada, aunque aceptara sentar en torno a la hoguera de Moncloa a su número dos y compañera de tienda en Galapagar, escoltada de otros tres jefes morados.

Dijo Iglesias que Sánchez "no tiene proyecto para este país", que "no quiere subir los salarios, ni defender las pensiones, ni tampoco al sector industrial".  Según afirma el líder de Podemos, "el PSOE tiene un problema de identidad y la Izquierda para el PSOE no significa nada". Con semejante andanada no parece que su autor trate de tender puente alguno con los socialistas y recuperar el diálogo, aunque fuera arrastrándose con la flecha que él mismo se clavó en el pie.

Pablo Iglesias dice tener la sensación de que ahora puede empezar un periodo más racional para negociar. Y es posible que el relajo de agosto permita explorar otras vías para alcanzar un acuerdo de investidura pero nunca podrán ser tan pornográficas como la que proyectaron  bailando en vivo y en directo la danza de los sillones.

La apuesta del PSOE por la vía portuguesa, que propugna un acuerdo programático con un gobierno monocolor, como acontece en el ejecutivo luso, cuenta con el apoyo de IU y del llamado sector anticapitalista de Podemos que nunca quiso ministros morados dentro del Ejecutivo. Esta propuesta incomoda sobremanera a Iglesias porque, de no considerarla , además de enfrentarle a sus socios remarcaría su responsabilidad en una hipotética repetición de las elecciones.

Aunque en principio nadie quiere la vuelta a las urnas, el nivel de riesgo que comporta esa posibilidad para cada formación dista mucho de ser el mismo. A los damnificados, el último CIS sin cocinar les ha dado tanta risa por fuera como vértigo por dentro.

Lo próximo es que Sánchez llame a los partidos para mantener unos contactos que se pretenden discretos. La repetición electoral es sin embargo a día de hoy el escenario más probable. Aquí nadie parece dispuesto a fumar la pipa de la paz, y no por su aversión al tabaco. En este Fort Apache a la española lo que más les gusta es blandir el hacha de guerra.