El Supremo da el cante. Primero hundió a los bancos y ahora enciende a sus clientes. No hubo solución salomónica. Y el 19 de noviembre, huelga de jueces y fiscales con la mismas demandas que hace 40 años: más independencia y modernizar la justicia. La primera puede ser discutible, la segunda no. A los tribunales no ha llegado la revolución digital, lo que contribuye a su atasco. La justicia, más revuelta que nunca por unas cosas u otras, sigue en la era analógica.

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